"Puta" escuchaba entre quejidos y un olor que en descomposición hubiera sido más agradable.
Empujaba y yo mordía mi labio inferior, que goteaba sangre. La misma que gotea cuando el himen se rompe, la misma que corre cuando un niño nace. -La misma que sangró la puta que te parió- le dije, y no obtuve respuesta.
Dios no existe, ya lo sabemos. Si hay una energía creadora no es paternal ni antropomorfa. A quién apelar entonces en este tipo de situaciones, si la justicia humana no es más que un intento de poner orden, de poner nombre a aquellas cosas que simplemente no se pueden controlar?
Espero que termine, con un poco de náuseas y otro de cansancio. Desde mi yugular comienza a disiparse un lento palpitar tibio que va corroyendo mi suavidad.
En un movimiento brusco y un grito que por mucho excede mi registro vocal por baja frecuencia, me doy vuelta y no recuerdo más. Un pedazo de su cuello cuelga en mi boca. Lo escupo sobre su cara y su patético cuerpo semidesnudo convulsionándose.
Ahora sí, movete hasta donde puedas... y terminá.







